sábado, 7 de marzo de 2009

El cambio climático y los narcotraficantes, un peligro para las ballenas en aguas mexicanas

Guerrero Negro (México), 5 mar (EFE).- El cambio climático, el aumento del tráfico marítimo y el uso de señalizaciones con cianuro por parte de los narcotraficantes suponen el principal peligro para las ballenas grises que atraviesan cada invierno las costas mexicanas de Baja California Sur, alertaron hoy las autoridades.

Cada año, con la llegada del invierno, la ballena gris deja los mares asiáticos de Bering y Chukchi y comienza su ruta migratoria hacia el sur, hasta las aguas de la península de Baja California, por la que cada temporada pasan unos 2.500 ejemplares.

Su camino es la ruta migratoria más larga que cualquier mamífero del planeta realiza ya que recorren un total de 20.000 kilómetros a una velocidad de 145 kilómetros al día.

A pesar de que en los últimos años el Gobierno de México ha intensificado su labor en la protección a la ballena gris, hoy son varios los peligros que acechan a estos cetáceos, que todavía se encuentran en peligro de extinción y que ya solo pueden encontrarse en la parte este del Océano Pacífico Norte.

Para el titular de la Secretaría de Medioambiente y Recursos Naturales (Semarnat), Juan Rafael Elvira, el cambio climático es uno de los principales retos a los que tienen que enfrentarse año a año las ballenas para sobrevivir y uno de los aspectos que el Ejecutivo tiene que tener en cuenta a la hora de ofrecerles su protección.

Según indicó, el cambio de temperatura en el agua está haciendo que muchas ballenas se queden en mar abierto y que estén apareciendo en lugares por donde antes no pasaban, por lo que "habrá que empezar a pensar en ampliar las zonas de actuación".

Elvira también mencionó la peligrosidad del aumento del tráfico marítimo y para ello insistió en la importancia de trabajar conjuntamente con países como Estados Unidos o Canadá.

Además, apuntó que gran parte de las ballenas que fallecen en aguas de México es por el uso que hacen los narcotraficantes de señales que llevan cianuro, aspecto contra el que, aseguró, están luchando los cuerpos de seguridad del Estado.

Al parecer, los narcotraficantes utilizan un componente, que puede resultar letal para las ballenas, para marcar las zonas donde lanzan sus envíos de cocaína que al mezclarse con el agua ilumina la zona con un color fluorescente que permite a sus contactos localizar la droga.

En el trayecto de su viaje hacia el sur la ballena gris nada cerca de la costa, a unos diez kilómetros, lo que permite que los cientos de turistas que acuden diariamente a reservas naturales como la de "El Vizcaíno", la más extensa de México, puedan contemplarlas e incluso acariciarlas.

Los ejemplares, que pueden medir de nueve a quince metros de largo y pesar hasta 35 toneladas, se acercan sin temor a las lanchas de los turistas que acuden a lagunas como Guerrero Negro u Ojo de Liebre, lugares declarados Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO, a donde las ballenas acuden a aparearse.

De hecho, estas aguas son importantes lugares de criadero de estos cetáceos, se estima que hay 25.000 ejemplares en todo el mundo, y se cree que todas las ballenas grises del Pacífico Norte occidental se reproducen y nacen en México.

El titular de Medioambiente insistió en la preocupación del Gobierno mexicano por proteger a las ballenas y hacer que se integren en el ecosistema y que el turismo, gran fuente de ingresos para los habitantes de la zona de Baja California Sur, no suponga un problema y no haya "más embarcaciones ni turistas que los que deben estar".

El cambio climático y los narcotraficantes, un peligro para las ballenas en aguas mexicanas

Por último, mencionó que la crisis económica no va a afectar a la protección de las ballenas ya que el presidente mexicano, Felipe Calderón, da a su ministerio el presupuesto necesario para seguir asegurando que estas especies "tengan un cobijo dentro de los mares mexicanos" y "cientos de ballenas sigan saliendo con el acta de nacimiento mexicana".